Caprichos y Obsesiones

Estándar

Soy un caprichoso. Siempre lo he sido. ¿Nueva consola? Podía estar semanas sin salir de casa sin gastar un céntimo que la conseguiría.

¿Nuevo móvil? Podía desarmar la casa entera para encontrar qué vender y conseguir el dinero para él. ¿Concierto en España de ESE grupo? TENGO que ir.

Y a día de hoy también me ocurre, aunque ya no tanto con objetos tangibles.

El mundo se para. Todo da igual. Sólo hay un objetivo. ¿Y qué ocurre cuando lo consigues?

Te sientes pleno durante un tiempo. A veces más corto, otras veces más largo, pero esa sensación tiene fecha de caducidad. Y, bueno, esa sensación hace que valga la pena volver a caer en el capricho.

Y estas reflexiones pasan por mi cabeza mientras escucho esta Toro de fondo (aunque no tenga nada que ver):

 

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